La economía global no cede ante el pesimismo

Abril 18th, 201611:26 am @

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De forma todavía muy tentativa, en el período más reciente parece haber vuelto una cierta calma a los mercados internacionales, algo que sin duda debe de ser bienvenido después de un comienzo del año que sin duda ha sido difícil.

Y es que los datos macro que se han ido conociendo en el último mes no confirman para nada las tesis catastrofistas que han dominado el devenir de los mercados en los últimos meses: ni EEUU tiene un riesgo elevado de caer en recesión a corto plazo, ni la recuperación europea está perdiendo fuelle, ni en China están apareciendo signos de que la desaceleración que está experimentando el país se esté volviendo abrupta (al contrario, los datos de marzo en China apuntan más bien a un cierto rebote).

Por lo demás, los datos de inflación subyacente en el mundo desarrollado (la que excluye energía y alimentación fresca) tampoco parecen muy compatibles con unos tipos a largo plazo que siguen descontando un escenario de inflación permanentemente muy reducida.

Aunque todavía es posible que el crudo tenga un comportamiento volátil en las próximas semanas, lo cierto es que parece que el mínimo de su precio podemos haberlo visto ya. La caída de producción en EEUU y en otros países no OPEC, unida al aumento esperado de la demanda, podría permitir que el actual exceso de oferta se corrigiera a finales del presente ejercicio o a principios de 2017.

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La inflación y el precio del crudo, claves de la economía global

Mirando hacia adelante, seguimos pensando que el escenario más probable para EEUU, Área euro y Japón es de crecimientos moderados pero suficientes para situarse por encima de los respectivos crecimientos potenciales de cada una de esas regiones. Estaríamos hablando de crecimientos en el entorno del 2% para EEUU, y del 1,5% para el Área euro. Esta circunstancia, por supuesto, hace todavía más absurdo el nivel actual al que cotizan los bonos públicos a largo plazo de muchos países desarrollados.

En teoría, bastaría que los crecimientos se situarán en un entorno como el indicado para que las inflaciones subyacentes no se queden donde están hoy sino que a 12 meses vista tiendan a repuntar moderadamente. Por tanto, una vez que se pase el efecto base del crudo, hablaríamos de inflaciones generales y subyacentes que en los próximos 12 meses se situarían ligeramente por encima del 2% en EEUU y en el entorno del 1,5% en el Área euro y Japón.  Esta circunstancia, por supuesto, hace todavía más absurdo el nivel actual al que cotizan los bonos públicos a largo plazo de muchos países desarrollados.

¿Significa lo anterior que no existen riesgos? Por supuesto que no. China podría dar una sorpresa negativa en los próximos meses, como también podría darla algún otro país emergente que actualmente está pasando por dificultades. Y, desde luego, tampoco se puede excluir la posibilidad de que se produzca algún tipo de shock que haga descarrilar la recuperación en el mundo desarrollado.

Pero, dicho esto, lo que no parece lógico es que los mercados, y en particular los tipos a largo plazo, descuenten como escenario central uno de muy bajo crecimiento y de inflación a largo plazo próxima al 0% cuando los datos macro y los fundamentos subyacentes para nada están apuntando a ese escenario como el más probable.

En el área euro, y a pesar de que los indicadores de confianza se han visto afectados por el entorno de incertidumbre global, lo cierto es que los datos de actividad real que se han conocido desde el inicio del ejercicio son compatibles con una ligera aceleración de la actividad en comparación con el crecimiento observado en la última parte de 2015.

Una vez que se superen las incertidumbres en torno a Grecia, al referéndum en el Reino Unido y a la crisis de refugiados, creemos que los mercados acabarán por reconocer que las perspectivas de crecimiento en Europa son positivas. 

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España continúa creciendo gracias al empleo

A pesar de que la volatilidad en los mercados financieros y la difícil situación política están sesgando a la baja algunos indicadores de confianza, los datos más recientes de actividad real y empleo continúan apuntando a ritmos notables de expansión en el comienzo de 2016.

Durante el resto del año, la actividad en nuestro país debería seguir beneficiándose del bajo precio del crudo, de la debilidad del euro y de los extraordinariamente reducidos tipos de interés. El turismo también goza de muy buena salud, en parte gracias a las tensiones geopolíticas que afectan a algunos destinos competitivos.

Al mismo tiempo, es posible que alguno de los vientos de cola que nos vienen favoreciendo se vuelvan algo menos intensos en la segunda parte del año. En particular, el cumplimiento de las reglas fiscales comunitarias obligará probablemente a aprobar ajustes presupuestarios en la última parte de 2016.

Por otro lado, y aunque lo más probable es que se eviten los escenarios más perturbadores, la situación política puede continuar siendo una fuente de incertidumbre. Así las cosas, es posible que el crecimiento en el conjunto del año sea algo inferior a lo que vimos durante 2015.

Todo este escenario es compatible con una inflación subyacente suavemente al alza (+1,1% en marzo, probablemente), a pesar de que los precios del crudo siguen sesgando a la baja la inflación general.

Desde una perspectiva de medio plazo, uno de los riesgos que corre España es el de caer en la complacencia. Cualquiera que sea el gobierno que se forme, continuará siendo necesario arbitrar medidas que permitan acometer los importantes retos que tenemos por delante.

 

Álvaro Sanmartín
Chief Economist de Grant Thornton y fundador de Alinea Global