Las empresas españolas ante Europa, ¿amor verdadero o síndrome de Estocolmo?

Junio 27th, 201311:13 am @

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9756_EU flag_70dpiSe puede decir sin tapujos que uno de los innumerables damnificados de esta crisis ha sido la imagen de la Unión Europea. En septiembre de 2008 Irlanda se convertía en el primer país de la eurozona que caía técnicamente en recesión. Ya pasados casi cinco años, y tiempo después de que gran parte del mundo diera por superada la crisis financiera global, las perspectivas económicas de la eurozona siguen expresándose con una línea descendente. ¿Cómo ha afectado esta situación a la actitud de las empresas sobre Europa?

Puede que sea un tópico pero no deja de ser cierto: España es un país europeísta… o al menos solía serlo. En estos años, y en múltiples ámbitos, las actuaciones ante la crisis de ese conglomerado político que simplificamos como Bruselas se han calificado en el mejor de los casos como desesperadamente lentas y en el peor como insensibles, ineficaces o incluso abiertamente destructivas. Tampoco ha ayudado la actitud de los responsables políticos, de uno y otro signo, que han encontrado en las “imposiciones de Bruselas” un argumento no siempre válido para echar balones fuera. Si al ya tradicional europeísmo español le sobran las razones (pocos negarían que la incorporación a Europa ha supuesto uno de los mayores avances en la historia de nuestro país), tampoco les faltan a aquellos que empiezan a desconfiar

Las encuestas entre la ciudadanía muestran que la crisis comienza a hacer mella en lo que se había convertido en uno de los pocos consensos de nuestro variado país. ¿Y las empresas?, ¿están perdiendo la fe en Europa? Esta es la pregunta que hemos querido responder en Grant Thornton, con la segunda edición del estudio The future of Europe (informe y nota de prensa) mediante las respuestas de más de 3.000 líderes empresariales de 22 países (en la eurozona, resto de la Unión Europea, países candidatos a la adhesión y economías vecinas).

La principal conclusión del estudio es clara: nuestras empresas conservan su europeísmo pese a la crisis. De hecho, un 80% desearía una mayor integración económica en Europa; un 61%, mayor integración política y un 66% mayor convergencia normativa. Se trata de porcentajes muy superiores a la media de la eurozona y sitúan al empresariado español como el más europeísta de las economías encuestadas.

Gráfico europa post de juanma

Pero los deseos de una mayor integración son sólo eso, deseos. ¿Qué pasa con hechos consumados como la pertenencia al euro? El 82% de los líderes empresariales españoles considera que globalmente ha tenido un efecto positivo para nuestra economía y sólo un 4% apoyaría la salida de España de la unión monetaria. En este sentido nos situamos en torno a la media de la eurozona, dónde sólo Italia, con un 10% a favor de salir del euro, se desvía ligeramente del consenso mayoritario.

No existe tanto consenso en cuanto a los eurobonos, un tema en el que las empresas reflejan en buena medida las posiciones de sus respectivos gobiernos. Pero si bien es cierto que sólo un 32% de las empresas alemanas respaldarían la mutualización de la deuda, la media de apoyo en la eurozona se sitúa en el 65%. Un dato que desmonta hasta cierto punto el mito de que los eurobonos son sólo una entelequia surgida de la desesperación de las economías periféricas. En todo caso no sorprende que los empresarios irlandeses (95%), españoles (88%) y griegos (86%) sean los que acogerían esta medida con mayor felicidad.

En definitiva, las empresas españolas siguen queriendo más y mejor Europa. Y sin embargo, no podemos resistirnos a elucubrar sobre la pregunta que planteamos en el título: este amor de nuestras empresas por Europa ¿es verdadero o se trata de ese extraño afecto que surge hacia quien tiene nuestra vida en sus manos, algo así como un síndrome de Estocolmo? 

Si bien el europeísmo lleva tiempo profundamente enraizado en nuestra sociedad, esto no basta para explicar la ausencia de fisuras en un sentimiento que, en otros países con problemas como Italia, se ha visto claramente afectado por la crisis económica. La realidad de una economía globalizada, el cambio de un modelo productivo cada vez más volcado en el mercado exterior, el reconocimiento de la influencia real de Bruselas en la política interna española o la falta de confianza en encontrar salidas desde nuestras propias instituciones podrían figurar entre las muchas razones por las que nuestras empresas apuestan, decididamente, por una solución europea a la crisis.

Grant Thornton Spain