Mi proceso de refinanciación de deuda me desborda

Noviembre 3rd, 201110:51 am @

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Resulta un hecho evidente, que en la época actual, ante la falta de liquidez a corto y medio plazo, los empresarios se ven abocados a intentar una renegociación de su deuda como mecanismo para evitar el concurso de acreedores y responsabilidades personales, obteniendo aplazamientos, nuevas condiciones financieras e incluso dinero nuevo.

Pero, en múltiples ocasiones, ese ejercicio de análisis de viabilidad a corto y medio plazo, que se debe exigir a toda empresa no se acomete de modo adecuado, si es que llega a intentarse. Esta falta de previsión y esfuerzo, motivada por la filosofía de limitarnos a “tapar agujeros”, hace que en la gran mayoría de las ocasiones sea demasiado tarde, ya que  el plazo para intentar obtener la refinanciación es excesivamente breve y precisamente de lo que menos se dispone (además de liquidez) es de tiempo.

¿Acaso el proceso de refinanciación no se limita a la mera firma de un contrato?

La respuesta es, sencillamente, no. Cuando hablamos de refinanciación lo hacemos refiriéndonos a una reestructuración global de la deuda y no a acuerdos puntuales con ciertos acreedores.

Debemos tener presente que en dicho proceso de refinanciación global, encontramos diversas fases y múltiples aspectos jurídicos a tener en cuenta. El cumplimiento de ciertas formalidades nos permitirá dar confianza y seguridad a aquellos acreedores cuya deuda se va a refinanciar, así como a terceros y, en su caso, al juzgado de lo mercantil, evitando una posible rescisión de cuantos actos y pagos se realicen en un futuro en ejecución del contrato, los cuales exigen la intervención de profesionales, no sólo que asesoren al deudor sino incluso que le representen y lleven directamente las negociaciones. La necesidad de dotar de garantías al contrato o acuerdo de refinanciación final requiere seguir diferentes pasos:

  1. Resulta esencial una previa fase preparatoria, en la cual se elabore un plan de viabilidad, se realicen due diligences e informes acerca de la situación jurídica y económica, tanto del deudor, de su actividad profesional y mercado, como de la propia deuda a refinanciar. Además hay que recopilar toda aquella documentación e información que sirva de soporte, para poder facilitarsela posteriormente a la entidad o entidades con las cuales se inicien las negociaciones.
  2. A continuación hay que iniciar las negociaciones buscando a aquél de los acreedores que consideremos idóneo para intentar agrupar al resto y crear el comité con el cual se debe negociar. Esto a su vez exige el establecimiento de mandatos a favor de dicho posible representante, cláusulas de confidencialidad, suscripción de documentos por los cuales los acreedores, entre otras cosas, se comprometan a no ejercitar acciones judiciales durante el período de negociación, así como la concreción por escrito en un documento de aquéllos aspectos que deben ser objeto de negociación y constituir el contenido del futuro contrato de refinanciación.
  3. Finalmente,  el documento clave de todo el proceso será el contrato o acuerdo de refinanciación de deuda. Este documento será de gran importancia y es evidente la necesaria supervisión jurídica de su contenido, el cual no sólo se limitará a aspectos tales como importes, pagos, plazos de amortización, intereses, comisiones o garantías, sino que incluso establecerá mecanismos de control posterior por parte de los acreedores respecto al desarrollo o ejecución del contrato, así como ventanas que puedan dar oxígeno al propio deudor por una situación puntual imprevista.

Evitar la lucha cuerpo a cuerpo deudor-banco

Al objeto de obtener un único contrato o acuerdo de refinanciación, el proceso ideal de reestructuración de deuda es la renegociación global con los principales acreedores (de ahí el espíritu de la reciente reforma de la Ley Concursal por la Ley 38/2011, a la que nos referiremos en posteriores post). Pero el hecho es que tal proceso de negociación global es harto difícil y complicado, por no decir imposible, por dos razones:

– La renegociación de deuda requiere de un importantísimo proceso de preparación y asesoramiento financiero, mercantil y fiscal, y en la mayoría de las ocasiones las empresas prescinden de él para ahorrar y/o evitar costes.

– En la mayoría de las ocasiones, los propios acreedores (fundamentalmente, entidades financieras), prefieren negociar de un modo individualizado con el fin de ver reforzada su posición y obtener garantías adicionales a las que tenían anteriormente, aun a riesgo de la posible acción de reintegración que podrían sufrir en el supuesto de que el deudor fuese declarado finalmente en concurso.

¿Qué motivos puedo tener para refinanciar la deuda?

Dada la importancia de la materia, que condicionará la propia viabilidad futura de la empresa, resulta necesario evitar caer en los anteriores errores. Hay que enfatizar la importancia de realizar un estudio detallado de la viabilidad de la empresa y un análisis de las posibles alternativas a la falta de liquidez.

En este sentido, ¿cuáles son los motivos que deben conducir a plantearse la necesidad de refinanciación?

– En primer lugar, el mero hecho de la existencia de la duda es un dato significativo de que algo preocupa.

– En segundo lugar, la refinanciación (u otra operación que pudiere desprenderse de ese estudio previo, tales como una reestructuración de empresas o grupo de empresas) puede ser el medio necesario para evitar un procedimiento concursal.

– Por último, y más preocupante, puede ser necesario para evitar cualquier tipo de responsabilidad que pudiera imputarse a los miembros del órgano de administración, cuya falta de previsión podría conducirles a responder con su propio patrimonio de las deudas sociales.

Andrés Íñigo
Director de Legal en Grant Thornton